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Somos viajeros de un mismo verso




Somos viajeros de un mismo verso
en el que siempre me encontrarás.
No importa el cuándo, no importa el dónde
el verso solo nos bastará.

Somos viajeros de madrugada
hasta el ocaso y el despertar.
Surcamos sueños, dulces quimeras
la niebla, el humo del más allá.

Somos viajeros con todo el tiempo
para buscarse sin descansar
para inventarse desde la espera
para esperarse sin olvidar...

Y la distancia, ¿qué es la distancia?
para el que viaja desde el jamás
para el que encuentra en un mismo verso
todo el misterio y el ser de amar.


La princesa Anhelo y el Príncipe Esquivo



La Princesa Anhelo
(María García Esperón)

En una montaña
hace mucho tiempo
vivía solitaria
la princesa Anhelo.

Tenía una ventana
hecha de silencio
donde se asomaba
a cantarle al viento.

A zurcir sus penas
a llorar remiendos
a tejer ausencias
a coser recuerdos.

Escribía en las nubes
dibujaba el cielo,
componía una historia
de amor verdadero

hecha de ilusiones
y también de sueños;
de esperanzas puras,
de constancia y tiempo.

Vertía los segundos
que separa el tiempo
en reloj de arena
y de sentimientos.

A palomas blancas
confiaba secretos
mensajes del alma
que volaban lejos...


hasta otra ventana
hecha de silencio
donde cierto príncipe
contemplaba el cielo.

El Príncipe Esquivo
(Enrique Pérez Díaz)

Hasta una ventana
hecha de silencio
donde cierto príncipe
contemplaba el cielo...

...un día llegaron
dos palomas blancas
llevando mensajes,
trayendo el misterio...

Hablaban de amor,
de cuitas y sueños,
contaban la historia
de la princesa Anhelo...

El Príncipe Esquivo,
así le llamaban
suspiró de pena
por la bella lejana...

¿Por qué una montaña,
tan cerca del cielo,
te esconde de todos,
te guarda en secreto?

¿Quién ha dibujado
el camino incierto,
quién tejió de amores
tu gran sentimiento?

¿Por qué este mensaje
mandaste a mi puerta
si mi corazón vacío
ya no tiene respuestas?

Y van las palomas
por el azul del cielo
volando tan alto,
volando tan lejos...

Y allá en la ventana
mientras teje un sueño,
Anhelo siempre espera,
fiel esposa del viento...







(C) Enrique Pérez Díaz y María García Esperón
Voz: María García Esperón
Música: Yanni
MMXI

El hada Lejana


Para Enrique Pérez Díaz
y su Hada Lejanía

Muy lejos del viento,
muy lejos del agua
hilaba recuerdos
el hada lejana.

En tela de tiempo
de anhelo y distancia
con sueños y penas
el hada bordaba.

Cerca del desierto
y cerca de la sed
cercada de luna
de sombra y clavel.

Estaba tan lejos
tan cerca de nada.
Estaba tan sola
de noche y mañana...

Bordaba deseos,
también esperanzas
caminos, veleros
retornos, ventanas.

Y borda que borda
el hada lejana
con hilos de oro
y aguja de plata

bordó que soñaba
con toda su alma
muy cerca del viento
muy cerca del agua.









Destino y Origen


Destino y Origen
no se conocían.
Él nació en el norte.
Ella al mediodía.

Destino es veleta
de viento cambiante.
Origen en cambio
es firme y constante.

Origen es quieto.
Inquieta es Destino.
Los dos sin embargo
son solo un camino.

Destino es un hada
Origen, un conde
viven en un reino
que no tiene nombre.

Viven en un tiempo
que no puede ser
Viven en un cuento
contado al revés.

Dicen que en las noches
Destino tal vez
sueña con su Origen
que no puede ver.

Y que en las mañanas
Origen también
piensa en su Destino
que quiere volver.

No se encuentran nunca
-que no puede ser-
que un conde y un hada
se quieran querer.






El hada Infinito






El Hada Infinito
en el horizonte
navega en un barco
con remos de norte.

Con mástil de plata
con velas de sur
un mapa de sueño
y un pájaro azul.

Navega Infinito
y pasan las olas
las cuatro estaciones
la noche y la aurora.

Tiene todo el tiempo.
Tiene todo el mar.
Tiene todo el sueño
para navegar.

Tiene la esperanza
de la realidad.
También la tristeza
y felicidad.

Vestida de nubes
tocada de sol
el hada Infinito
es hada de amor.

No se acaban nunca
ni el cielo ni el mar
ni el sol ni las olas
ni el tiempo de amar.



El hada Ayer





El hada Ayer
lo extrañaba tanto
que llevó al Ahora
a ver el pasado.

Le mostró el castillo
y el bosque encantado
la fuente del siempre
y el árbol de antaño.

Ahora asustado
quería regresar
al hoy o al mañana
para no olvidar.

Pero en ese instante
de nunca jamás
un pájaro de oro
se puso a cantar.

Ayer y el Ahora
se dieron un beso
y se separaron
por orden del Tiempo.

A su gran castillo
este gran señor
al hada Ayer
airado llamó.

-¿Cómo se te ocurre
alterar el tiempo
traer a tu Ahora
soltar los recuerdos?

-Sin mi bello Ahora
-dijo el hada Ayer-
todo este pasado
se moría de sed.

-Pero así es el mundo,
dijo el Tiempo cruel.
-¿Qué no lo sabías
cuando te llamé?

-Yo sí lo sabía
-dijo el hada Ayer-
pero sin mi Ahora
ya ni el mundo es.


Solo una estrella




 Solo una estrella
 podría entender
 este misterio
 de triste miel
 de llanto dulce
 de sangre fiel
 flor de esperanza
 siempre clavel.

 Solo una estrella
 a mi entender
 tendría esos ojos
 que saben ver
 lo que se oculta
 bajo la piel
 lo que se pierde
  tan sin querer...

 Lo que sucede
 al florecer
 tal vez muy tarde
 siempre clavel
 como este sueño
 que al parecer
 solo una estrella
 podría entender.



El hada de Otoño




El hada de Otoño
despertó temprano:
escuchó una hoja
caer en su patio.

Se vistió de luz,
arregló su armario
sacudió tres fresnos
y siete castaños.

Escribió unas cartas
a las mariposas:
Si no vuelan pronto
no tendremos rosas.

Fue a tocar la puerta
de las azucenas:
 estaban dormidas
después de la fiesta.

Todas despidieron
al hada Verano
que había trabajado
como nunca ese año.

El hada de Otoño
le dio un par de besos
la llevó a la puerta
le puso el sombrero.

Dio un largo suspiro
y se fue el verano
dejando un poema
y un ramo de nardos.



Cuando algo empieza


María García Esperón

Cuando algo empieza
llueven estrellas
el sol calienta
un poco más.

Y los olores
nos llegan nuevos
como acabados
de despertar.

Somos los mismos
¡y tan distintos!
nos emociona
hasta caminar.

Cuando algo empieza
pules las horas
la luna envuelves
con celofán.

Y en la ventana
de tu mañana
un sueño asoma
tras el cristal.

Todo es tan nuevo
y tan brillante
que no quisieras
verlo acabar.

Cuando algo empieza
no te detengas:
abre las alas
echa a volar.